domingo, 17 de febrero de 2008

Duelo en la cumbre - Jornada 24

En cuatro minutos, tres puntos menos - El Real Madrid salió al Ruiz de Lopera como nunca: atacando desde el minuto uno, consiguiendo la posesión del balón y haciendo correr al contrario; y consiguió lo de siempre: minuto 6 un Drenthe en estado de gracia - inolvidable el pase del pequeño holandés a Guti en la goleada al Valladolid la semana pasada - coge un rechace en el área y adelanta a los blancos en el Bernabéu. La gente ya se lo veía venir, si hoy no caen siete caerán como mínimo tres. Pero ayer no, ayer ni el Betis que estaba más guerrero que nunca, ni su afición cargada de entusiasmo y ganas de ver jugar bien a su equipo, estaban dispuestos a hacerle el pasillo al equipo de Schuster para que se paseara por la capital andaluza. Entonces llegó esos cuatro minutos que decidieron el partido, cuatro minutos que ponen la liga más apretada, y con dos remates de cabeza idénticos de Edu y de Mark González y dos fallos defensivos en la marca, que hicieron estallar el Ruiz de Lopera. La liga pasaba de 12 puntos de diferencia entre primero y segundo, a volver a tener ocho a la espera del partido en la Romareda. Toda la segunda parte del partido fue un ir y venir, con ocasiones de los dos equipos y el Real Madrid atacando sin tregua la portería bética. Pero ayer ni con Van Nistelroy que salió desde el banquilo consiguió el gol del empate. Se habla de soberbia o de falta de humildad en la prensa nacional, yo no lo entiendo así: el Real Madrid es un equipo humano y como tal también pierde partidos y también comete errores tanto en defensa como en ataque. Si hay algo que discutir son las palabras de Ramón Calderón, ya que ayer se demostró que el Real Madrid no es una máquina perfecta.


11 jugadores y un linier -De Barça últimamente es aburrido hablar. Y es que ayer fue la misma cantinela de siempre: buena posesión del balón ayudado por los jugones del mediocampo - ayer Deco y Xavi -, Valdés decisivo en algunas acciones que podían haber acabado en gol y una falta de puntería que empieza a ser preocupante. El Barça salió con las ideas claras al campo, sabía el pinchazo del Real Madrid y tenía la oportunidad de acortar distancias. Su juego en algunos momentos de la primera parte fue rápido, directo y muy bien triangulado, con un Deco que parece que ha recuperado su mejor forma y un Xavi espectacular. Del portugués salió el pase del gol a Henry: balón bombeado desde la derecha, el francés controla, según parece, ayudándose con la mano y bate a César. 1 a 0 y primera decisión dudosa del partido. A partir de ese momento el Zaragoza se enchufó todavía más, y ahí estaba Valdés para salvar, una vez más, la papeleta bajo los palos, para hacer su trabajo como dice Casillas. Pero al comienzo de la segunda parte, el juego directo y vertical de los maños recoge sus frutos: tremendo pase del ex-blaugrana Sergio García que aprovecha para marcar el gol del empate Oliveira. Los azulgranas se temían lo peor, de nuevo una ocasión para arañar puntos y se desaprovecha. Pero no, a falta de gol y mientras se espera la llegada del camerunés Eto'o y ahí estaba el linier para pitar un penalti, que en el mejor de los casos se llamaría dudoso, por no decir inexistente. Gol de Ronaldinho de fuerte y colocado disparo y los blaugranas arañan tres puntos al líder poniéndose a 5.



Sobre las decisiones arbitrales del Barça tengo las ideas claras: estoy de acuerdo que no se pitara mano por el gol de Henry, es una decisión rápida y después de ver muchas repeticiones se puede uno dar cuenta de que el francés se ayuda con el brazo, pero viéndolo in situ es muy difícil tomar una decisión. El problema está cuando se toma una decisión como el penalti de Juanfran ya que es tan dudosa esa mano como la fue en la primera parte la de Henry, la del gol. O bien pitamos las dos manos, o bien no pitamos ninguna. Normal que en la Romareda se suban por las paredes.

1 comentario:

Sitjar dijo...

Creo que Deco está muy lejos de ser aquel jugador de antaño pese a dar la asistencia a Henry. Lamentablemente ha pasado a ser un jugador posiblemente transferible.